22/09/2022

22 Garðar BA 64 - Bjarkarholt


Hoy es un día raro. Teníamos pocas cosas para hoy porque por esta zona (los fiordos del noroeste) no hay mucho que ver. El paisaje es bastante monótono y las carreteras de fiordos son interminables. Planeamos un día por esta zona porque hay una acantilado desde donde se pueden ver frailecillos o “puffins”. Se pueden ver siempre que no se hayan ido a finales del mes pasado, así que como la ruta estaba hecha y el hotel no se podía anular, pues venimos.


Las otras dos cosas que teníamos para hoy son una playa y un barco.


La playa tiene como atractivo que la arena es marrón y no negra. Pero como está en la otra punta, está chispeando a ratos y hay niebla en algunos tramos, la descartamos también.


Nos queda el barco. Es un viejo pesquero que embarrancó y que ahí lo dejaron. Porque aquí reciclaran mucho, pero los barcos los dejan tirados en cualquier sitio.


Para llegar hasta él, la carretera es larga, revirada y bonita. Aunque hay que ir atento, porque te encantas con el paisaje y te vas precipicio abajo.




Vamos parando a cada poco a hacer fotos o a mirar el paisaje. Mirar poco, porque el aire viene más frío que el saludo de una suegra (un petó, sucrins). Aprovecho las estampas de carretera para contaros cosas.




Si normalmente hay poca gente en la carretera, por aquí da hasta miedo que te ocurra algo y no pase nadie. Como además hay ovejas por cualquier lado, la tendencia es a conducir por encima de la raya central, que así tienes más margen de maniobra. Por eso los cambios de rasante están muy señalizados.





De noche te cruzas unos camiones que parecen la puerta de la Feria de Abril, con más faros que la costa escocesa. Normal, porque no hay una puta farola en ningún sitio y hay 3 meses de oscuridad casi contínua.


La velocidad máxima son 90km/h que se cumplen casi a rajatabla. Si alguno corre más, es que es islandés. Y te encuentras muy pocos, todo son turistas. Pero no puedes contar una media de 90km/h porque de repente llueve o la carretera es de grava o llena de baches o están haciendo obras. Así que vete con tiempo.



Además, no hay arcenes. ¿Y donde te paras si tienes una emergencia o para sacar una foto? En to’l medio. Excepto en tramos concurridos de la carretera 1, en el resto paras y arreando, porque si no es imposible.



Y el gps… ¡Ay el gps!


Para empezar, los que llevan los coches de alquiler tienen el mapa desactualizado, llevan la edición de 1.944 o algo así. Pero además, como para dar la vuelta (legalmente) tienes que recorrer un trozo enorme, ojo si te pasas del desvío y recalcula la ruta, porque a veces te hace dar un rodeo enorme porque el próximo cambio de sentido está muy lejos.


Bueno, pues después de este rollo y de escuchar en bucle la misma lista de canciones durante un buen rato, llegamos al barco. En comparación con el otro que vimos, a esta le das una mano de imprimación y a navegar de nuevo.



Lo tenemos todo para nosotros porque aquí no hay apenas turismo. Entramos por un agujero en el casco y lo recorremos por dentro. La cocina, el comedor, la sala de máquinas… todo pequeñito y hecho una mierda, como mi piso de soltero. Ains, que recuerdos…





Selfie para aquí, foto para allá, lo mismo pero dentro del barco, vídeo para mis sobrinos, vídeo girando para el resumen del viaje… reportaje completo. La niebla cada vez está más baja y el aire cada vez más frío, así que es hora de irse.


Nuestro hotel de hoy está genial. La habitación no es grande y tiene camas separadas, pero es todo nuevo, la cocina estupenda, salón con buen sofá, comedor con vistas… aunque lo mejor está a 100 metros del hotel.


Una piscina con más musgo que un pesebre navideño y una “hot pot”, ambas con agua caliente natural. A los islandeses les encanta y como tienen agua caliente de sobras pues se construyen, con mejor o peor gusto, unos jacuzzis de piedra para estar metidos en agua a 35º. La temperatura exterior hoy era de 8º, con una brisa que al salir mojado te hacía creer que si no te secabas en menos de 8 segundos morirías congelado.



Aunque el peligro real no es morir congelado, si no desnucarge al resbalar en el musgo. Si la piscina tenía musgo, el jacuzzi parece una parada de la Fira de Santa Llucia. 


Al llegar lo hemos tenido que compartir con 5 personas más, pero al rato se han marchado y hemos tenido un rato de relax viendo como el sol iba bajando. Y un rato de risas cuando he salido del agua a por el móvil para los selfies de rigor y me iba cagando en todo de frío.


Eso sí, después se ha nublado y me parece que hoy tampoco habran auroras. Y ya quedan muy pocas oportunidades…


3 comentarios:

capgrossosramon dijo...

Bonic el paisatge i el vaixell per dins, el jacuzzi genial però el fred… hehehe
Ramon i Lluïsa

Anónimo dijo...

Quins paisatges més macos
Paqui GiP

Carol dijo...

Uauuuu… ja l’he dit a la Ingrid que el vaixell m’ha encantat… i les fotos de dintre més…
Els paisatges, a quin millor però el jacuzzi natural…. ingrid m’estic imaginang al JC cagant-se en tot al sortir per agafar el mòbil ja ja ja ja